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Historia mínima de las mokas italianas.

Contaré la historia de una famosa persona, o no. Si usted vive en México pero ha sido poseedor de una bonita cafetera italiana, sabe bien la facilidad con la que uno puede quemarles el asa una mañana cualquiera. Y si lo sabe, seguro ha vivido también la amarga y compleja experiencia de encontrar en dónde arreglarlas.  Basta un descuido, unos minutos de distracción, una hornilla demasiado prendida, para que justo esa parte de tan preciado objeto se achicharre para siempre. También puede pasar la tragedia de que un buen día, sin previo aviso, se rompa. Cual sea la situación, encontrar quien arregle tales desperfectos no es una misión sencilla. En esta casa nos preciamos (hablo en plural porque me refiero a mí y a mis demonios) de contar con dos ejemplares de dichos aparatos. Una fue adquirida en Italia y la otra en Amazon. A ambas les quemé el asa dos mañanas cualquieras pero me negué a deshacerme de ellas. La primera tenía un valor sentimental por haberla traído de una via...

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Me sentí expuesta.

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Verónica Gsm
Fanática de la utopía y cursi de clóset. Nómada. Creo en lo que no cree casi nadie y desconfío de aquello en lo que creen muchos. Mi alter ego se llama Violetta. Nunca me he enamorado a medias; me enamoro o no y cualquiera de las dos, se me nota. Algo Facebookera pero muy Twittera. Me gustan las historias ajenas y las frases sueltas. No corro, no grito y no empujo. Terca como mula y aferrada como capricornio. Cuando el mundo se me enreda, camino y si se me pone muy de cabeza, tomo una maleta y me voy a dar el rol. Tengo adicción por los mensajes de texto y/o las visitas inesperadas a deshoras de la noche; por NY, por San Cris, por los "chick flicks", por los libros de Angeles Mastretta y por los chocolates con mazapán de Sanborns. De vez en cuando practico el autoboicot. Escribir es el saco que me cobija y a veces ese saco le queda a alguien más.

Fologüers.